Estaba de pie, en silencio, viendo
aquel atardecer de domingo en el faro del puerto.
Mis OJOS no daban crédito de lo que
estaban viendo: el mar revuelto levantaba olas gigantescas que
mojaban el muelle y a todo aquel que andara cerca; el cielo, estaba
cubierto de nubes oscuras pero que con la caída del día se abrieron
para dejar pasar un sol en retirada, no te puedo describir la
cantidad de colores que me envolvían Mi NARIZ respiraba ese olor tan característico que tiene el mar. Mis OÍDOS captaban el graznido de
las gaviotas, ya sabes lo mucho que me gusta y me relaja ese sonido
porque me recuerda a mi infancia. Mi PIEL se mojaba poco a poco con
la incesante lluvia y echaba de menos la tuya. Mi CABEZA sólo
pensaba en ti y mi CORAZÓN lo único que deseaba era que una de las
personas que me rodeaban fueras tu.