martes, 28 de febrero de 2012

Citas malas


El otro día leí sobre las citas perfectas y me hizo acordarme de algunas de las mías, no abundantes todo sea dicho, pero en su mayoría desastrosas.
En concreto me acordé de una, que de lo desastrosa que fue quedó para risa.
Antes de nada un par de datos sobre mi persona....
  • No me gusta que me regalen flores (girasoles si)
  • Me gusta leer
  • Adoro a los niños
  • Los animales me cuestan, sólo me gustan de lejos pero lo voy superando
  • Odio el frío, la lluvia, el granizo, la nieve y todo fenómeno atmosférico que implique que la temperatura baje de los 20º. Sólo admito las tormentas
  • Odio lo empalagoso, incluidas las personas. Nada de besos, abrazos cogidas de manos y esas cosas románticas que les da por hacer a la gente sin tener confianza. (Con confianza paso algunas)
  • Me gusta el inglés, lo veo útil y adoro las cosas útiles
En fin creo que esto es suficiente para entender lo desastroso del asunto...

Vivía yo en la Ciudad Eterna y a pesar de la fama que tienen los seres autóctonos del lugar, no había probado a ninguno. Muchas veces me dicen “es que pones el listón muy alto” (bla bla bla, tonterías), así que dije bajémoslo, y apareció el susodicho.
Sinceramente no me convencía ni un poco, pero nada eh, pero con eso del listón pensé vamos a darle una oportunidad al chico este. Después de una semana mandándome SMSSSS (horror), a los cuales contestaba un ser con el que vivía bajo mi supervisión, quedé.
Puntualísimo en la puerta de mi casa a las 21h., puntualísima yo ya estaba vestida y saliendo por la puerta. La conversación transcurría en dos idiomas, muy multicural la cosa, y salió el tema del mar (supongo que porque yo lo echaba de menos) se ofreció muy románticamente a llevarme a una playa que había a casi una hora... Obviamente no fuimos, el sitio donde me llevó fue románticamente peor. No diré el nombre porque es conocido por unos libros, pero muy “bonito” todo. Gracias a dios la cosa fue acompañada de cervezas y no pagadas por mi precisamente. La conversación fue por aquí, yo en castellano y X en su idioma...

J- ...pues me encantan los niños, me lo paso genial en clase
X- Yo tengo una hermana pequeña, y no me gustan nada lo niños, son muy pesados...
J- ….............. y te gusta leer? Yo leo bastante la verdad
X- uf, que va! Creo que desde el instituto que no leo ningún libro. Te gustan los animales? Yo tengo dos perros
J- …............. No mucho, siempre me han dado un poco de miedo y los prefiero lejos
(se sorprendió que me defendiera algo en inglés, él no tenía ni idea...)

Durante esta conversación apasionante se acabó la cerveza y fuimos a por otra. A llegar al paso de cebra se pone a chispear:
J- Odio la lluvia, en esta ciudad no para de llover!! ¿Cuándo empieza a hacer buen tiempo?
X- ¿Qué dices? Me encanta la lluvia! Deja el buen tiempo, si el frío está genial!
J- ….........(pensamiento: que coño hago aquí con esta persona) (Iba ligeramente contenta porque no había cenado, ¿qué clase de persona cena antes de las 9?)

Me coge de la mano (DE LA MANO) y empezamos a cruzar, yo que soy una persona muuy disimulada lo suelto con sutileza y hago como que busco algo en el bolso. Encuentro el objeto invisible y vuelvo a andar normal, y me vuelve a coger (OTRA VEZ), y otra vez que me suelto. Cuando ya no podía ir la cosa peor, porque no sabia de que hablar, cosa que rara vez me pasa, y no sabia donde meter las manos, se le ocurre la genial idea de comprarle a un pakistaní que pasaba 3 rosas, 3 ROSAS. No una ni dos, TRES!! 
A tres metros bajo el suelo quería estar... En fin, de su boca salieron otras herejías, alguna mencionaba la cerveza, que prefiero no recordar. Decidí darle fin a esa tortura y le pedí que me llevase a casa poniéndole la escusa de que mañana trabajaba.

No volví a saber nada de X...
Parte positiva de la noche: llegue borracha a casa y mi querida amiga Blancanieves se echó unas risas con la historia.

Conclusión: Soy del macho ibérico...

domingo, 12 de febrero de 2012

Sabio Fermín...

-¿Sabe Daniel? A veces pienso que Darwin se equivocó y que en realidad el hombre desciende del cerdo, porque en ocho de cada diez mil homínidos hay un chorizo esperando a ser descubierto-”

El prisionero del cierlo
Carlos Ruiz Zafón

miércoles, 8 de febrero de 2012

8F


Me he acordado de ti hoy. 
He leído una cursilada en mayúsculas que te escribí hace tiempo pero que obviamente por falta de tiempo ni te dije a la cara, ni te lo di por escrito. La verdad es que no soy muy dada a expresar lo que siento, y si lo escribo no lo enseño. 
Pero hoy me he acordado de ti, te he echado de menos.

Si estuvieras podría contarte lo que pasa por mi cabeza, y te lo contaría sin censuras porque creo que me escuchabas, y si no me escuchabas al menos mantenías la mirada en mi ojos y entendías lo que sentía. Te diría que lo echo de menos, que a ellas más porque ahora no nos vemos tanto como querría.

Hoy me hubieses dado ánimos para pasar el día, me habrías dicho que estaba tonta por estar triste, que disfrutara de este día, y yo que confío en ti, te hubiese creído y habría sonreído.

Hoy hace un año de nervios, líos de maletas, trenes, metros, aviones, idiomas nuevos, más nervios y muchas ganas. Y como vino, se fue...


Fue el principio de una nueva etapa.


sábado, 4 de febrero de 2012

Una gran ironía


Érase una vez, un tiempo en el que vivíamos en un castillo (o una villa, lo que prefieras), vivíamos personas y no personas bajo el mismo techo en armonía (a veces).

La entrada estaba bien protegida por una reja que para abrirla y cerrarla había que emplear la fuerza, tenia plantas (algunas adquiridas ilegalmente) y como toda buena entrada un buzón, que no servía para nada.
La puerta de entrada era de cristal, importado de vete tu a saber donde, que dejaba pasar toda la luz del día, y por si molestaba teníamos una cortina de hilo fino.
Este castillo/villa tenía una peculiaridad, los objetos cumplían su función habitual pero muchas más, es decir, eran objetos de doble o triple uso.
Nada más entrar estaba el salón donde, siempre tranquila, nos esperaba Doria, dispuesta a toda hora a comer cualquier cosa que le dieras. Tenía la extraña costumbre de irse de juerga por la noche, y luego para buscarla en semejante casa era toda una odisea.

A su lado, la mecedora-perchero (primer ejemplo de objetos de doble uso). Pocas veces se usó como mecedora, pero de perchero hizo hasta que nos fuimos. Seguidamente, una estanteria-armario, lo mismo había libros que secadores y planchas del pelo, maquillaje, colonias, ordenadores...
Para completar el salón, había un sofá-cama-objetos perdidos (triple uso). Era azul, a conjunto con el comedor, y guardaba un colchón para las visitas. Lo de objetos perdidos es porque todo lo que no encontraras en su sitio, extrañamente estaba ahí. A su lado, las escaleras que subían a mis aposentos.

Cuando dejabas el salón, te encontrabas con una habitación y un baño. La habitación la describiré brevemente por respetar la intimidad de sus ocupantes, en el centro una gran cama de colcha de leopardo o flores, según la época, y las paredes decoradas por pañuelos de seda y cuadros caros.
El baño estaba recubierto de mármol beige, era enorme, cabían cuatro personas haciendo actividades diferentes sin molestarse a penas. Las cortinas de la ducha estaban tejidas a mano en China.
Uno de mis sitios favoritos del castillo/villa era el comedor. Sillas y mesa de madera marrón, manteles tejidos en el mismo sitio que las cortinas de baño, dos grandes despensas que contenían la vajilla fina y las delicatessen con las que nos alimentábamos.
Los mejores momentos los vivimos ahí, entre esas paredes color cielo y olor a cebolla, ajo y cerveza. Parece asqueroso, pero vosotras que vivisteis allí sabéis que no lo era.
De la cocina no voy a hablar, solo diré que era igual de grande que el baño, y yo personalmente la frecuentaba poco.

Mis aposentos eran de suelo de madera y techos altos, ventanales que dejaban pasar la luz y el aire, y un armario gigante, con su zapatero correspondiente.
Este sí era mi lugar favorito.

Del resto del castillo y de la vida en el no voy ha hablaros hoy, más que nada porque conocéis la historia, y sino ya la iréis descubriendo...

jueves, 2 de febrero de 2012

El día que decidimos hacernos un blog y escribir.


La cosa empezó así:

J- Bua, me apetece cerveza...
B- A mi Jack Daniels... Tía que les den. Yo he llegado a la conclusión que son objetos sexuales
J- Ya, no sirven para nada. Creo que voy a pasar una temporada centrada en el alcohol y voy a olvidarme de ellos

Un lunes, o más bien martes, a las dos de la mañana, hablando de ese tema que nunca hablamos: hombres. 
No es que seamos alcohólicas y nos de por ahogar las penas, pero se nos da bastante bien resolver los problemas mundiales cuando hemos bebido un poco, y quien sabe para la situación de la que hablábamos, quizá nos vendría muy bien llevar unas copas de más para solucionarla...
Y así surgió la idea, con el pensamiento de “debería escribir estas cosas” y echando de menos una cerveza en mano en buena compañía.