Todos
los años sobre estas fechas nos movemos a Tomarporculo para recibir
una especie de “formación” útil para nuestro trabajo con los
chavales el resto del año. Normalmente suele ser un coñazo, pero me
gustan porque así veo a los monitores que viven lejos.
Este
año el tema prometía: “Sexualidad
y afectividad”. Desde que nos enteramos llevamos
cachondeo sobre lo que nos iban a contar, todos esperábamos la
típica charla de sexo que te dan en la E.S.O y que luego podríamos
contarle a nuestros chavales, pero la cosa fue más allá. La charla
estaba orientada a nosotros, a nuestra sexualidad, nuestro
autoconcepto y autoestima, y nuestras relaciones con otras personas.
“¿Qué
es la sexualidad? La sexualidad es un conjunto de cualidades que
abarca toda nuestra persona, no sólo el componente físico, sino
también otros aspectos como el psicológico, el afectivo, el social,
el cultural, el ético. Puede decirse que la sexualidad no es algo
que tenemos, sino algo que somos.”
“El
cerebro, a través de las conexiones entre el córtex, el hipotálamo
y la hipófisis, es el encargado, por medio de las hormonas, de hacer
funcionar nuestro aparato reproductor. Hasta él llegan los estímulos
que recibimos del exterior y, en función de ellos, actúa. Así, la
sexualidad no sólo es cuestión de cuerpo, sino también de corazón
y cabeza.”
¿Qué
te parece? Eh? Va a resultar que no era tan fácil el tema. La
sexualidad al parecer tiene cuatro dimensiones: Física, genital
sanitaria; Ética, libertad; Social-cultural; y afectiva-psicológica.
Y, una sexualidad inteligente es aquella que concilia
cabeza-corazón-cuerpo (C-C-C).
Nosotros,
que somos muy de reflexionar, pensamos: ¿vivimos una sexualidad
inteligente?, ¿sabemos equilibrar cabeza-corazón-cuerpo en las
relaciones que mantenemos con la gente?
Yo
pienso que no. Si fuéramos inteligentes no andaríamos rotos cada
dos por tres entre chascos y decepciones. Si fuéramos inteligentes,
tomaríamos decisiones correctas que no nos hicieran sufrir,
elegiríamos a personas que sabemos que nos harían sentir un poco
más equilibrados, queridos y satisfechos. Pero no.
Cuando
vivimos la sexualidad desde la cabeza cometemos el error de ser
demasiado calculadores. Un chico decía que el no hacia nada sin
tener todo milimetrado y calculado, la frase fue “lo racionalizo y
organizo todo para correr el mínimo riesgo”. ¿Quién no lo ha
hecho alguna vez?
Cuando
lo hacemos desde el corazón, lo entregamos sin reservas, sin pensar
y tarde o temprano, batacazo. Otra chica decía: “cuando te
enamoras tienes que darlo todo”. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez?
Cuando
vivimos del cuerpo, bueno... ¿Quién no lo ha hecho alguna vez?
A
mi todavía no me queda muy claro todo esto, no se ni dónde ni cómo
encontrar el equilibrio perfecto para esta supuesta “sexualidad
inteligente”... Igual ni existe...