Hay personas que aparecen en tu vida
y nunca tienes muy claro cómo llegaron o porqué siguen ahí. Hay
personas que llegan y se quedan, pero la gran mayoría llegan,
destrozan y se van. No hablo de destrozar en sentido negativo, hablo
del cambio que esas personas provocan en ti. Llegan con nuevas
palabras, nuevos gestos, nuevas costumbres pero sobretodo nuevas
experiencias que tu añades como mejor puedes a las anteriores
vividas.
Sin embargo, por muy bien que trates
acoplar todas ellas siempre habrá alguna que no encaje, que solape
alguna anterior, así algo habrá cambiado y habrás crecido.
Es por eso que a cada persona que
pasa por mi vida trato de “exprimirla” al máximo para así poder
crecer un poquito a su costa. Pero, ¿qué pasa con las personas que
se van demasiado pronto?
A mi me dejan un vacío, un vacío
que nadie va a poder llenar nunca y la incógnita de qué más
hubiese podido aprender con más tiempo y qué fue lo que no me dio
para crecer.
Y así es como empiezo a echar de
menos a las personas, en el momento que se van y dejan ese vacío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario